8 de enero: El valor de la humildad
Lectura para hoy: Génesis 15-16; Salmos 8; Mateo 20-22
Texto clave: Salmo 8:3-4a
"Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú afirmaste,
Digo: Que es el hombre, para que te acuerdes de él,...?"
David es conocido como el dulce cantor de Israel. Su poesía intimista con el Creador ha sido objeto de admiración y de inspiración hasta nuestros días. Además fue inventor de instrumentos de cuerda y pionero en el acompañamiento musical de sus salmos. Fue también un destacado jefe militar que derrotó a todos los enemigos de la nación y extendió las fronteras de Israel desde el río Éufrates hasta Egipto, ningún otro rey ni antes ni después fue tan grande como él.
Sin embargo, lo que realmente lo hizo grande fue su humildad y su reconocimiento a la majestuosidad de Dios y de su creación en comparación al hombre. Pues al observar las maravillas del universo se consideró a sí mismo más pequeño que una mota de polvo.
La humildad es una de las virtudes que caracteriza a los discípulos de Jesús, los cristianos. Las Escrituras hablan de ella en casi todos los libros. Su importancia se pone de manifiesto cuando el Señor nos manda a ser como niños para entrar al Reino de Dios (Mateo 18:1); a andar con mansedumbre y humildad (Efesios 4:2) pues la soberbia alimenta la contienda (Proverbios 13:10).
Consideremos también los siguientes versículos:
“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).
“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido” (Lucas 14:11).
“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra” (Proverbios 29:23).
“Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” (Proverbios 16:19).
“Jehová asolará la casa de los soberbios” (Proverbios 15:25).
“Pero los mansos heredarán la tierra; y se recrearán con abundancia de paz” (Salmo 37:11).
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:10).
Mientras que el orgullo es considerarse uno como superior a los demás, la humildad es reconocer que uno es indigno y que cualquier cosa que tengamos es por medio de la gracia de Dios, no por nuestros méritos.
Y para terminar, recordemos la historia del fariseo y el publicano en Lucas 18:9–14. El fariseo que se exaltó a sí mismo no logró el perdón de Dios, mientras que el publicano quien confesó ser pecador alcanzó misericordia. Nuestro Dios siempre aprueba la humildad.
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