4 de febrero: No tendrás otros dioses


Lectura para hoy: Éxodo 19-20; Salmos 34; 2 Corintios 6-8

Texto clave: Éxodo 20:2
"No tendrás otros dioses delante de mí"(BTX)

Este es el primero de los diez mandamientos que el Señor dio a la nación de Israel en el monte de Sinay, mientras iban en su peregrinación hacia la Tierra Prometida, hace unos tres mil trescientos años. Es muy antiguo pero sigue vigente como el primer día, porque hay un solo Dios (1 Timoteo 2:5) el cual es celoso y exige la santidad en su pueblo (1 Pedro 1:15-16).

Era común aquellos tiempos que cada ciudad tuviera sus deidades propias que, según sus creencias, servían de amuleto protector y a la vez como proporcionador de bendiciones en forma de lluvia, buenas cosechas, derrota de sus enemigos, etc. De estos dioses aparecieron representaciones artísticas, ya sea en forma de pintura o de escultura, las cuales se colocaban en los templos y en las montañas en donde se le hacían ofrendas y sacrificios.

La iglesia católica romana también ha hecho imágenes y estatuas a los cuales los paganos, llamados cristianos católicos, ofrecen reverencia, hacen peticiones y rezos, los llevan en procesión, entre otras cosas; las cuales son abominación a Dios.

Pero hay otros dioses, menos visibles, intangibles, que al ser tan sutiles ni siquiera nos damos cuenta de que ocupan el lugar de Dios en nuestras vidas. Entre estos tenemos la avaricia, que es el deseo de ganarlo todo codiciando lo ajeno, engañando y extorsionando. La avaricia alimenta al dios de la riqueza y se convierte en una adicción que controla las emociones del que la posee, haciendo de él un sujeto obsesionado idolátricamente con el fin de hacer cada vez más dinero.

Podemos hablar de muchos dioses, muchas cosas que adoramos y no nos separamos de ellas; como son: la obsesión por la belleza física, la glotonería, el teléfono móvil (celular), cierto deportista, la televisión, los videojuegos y un largo etc. Casi ninguna de estas cosas son malas en sí mismas, de hecho hay cosas muy necesarias que todos utilizamos diariamente, pero el problema está cuando su uso o protagonismo se vuelve desmedido y ocupan el tiempo y el lugar de Dios en nuestra vida. Esto hace que descuidemos la atención a las cosas de Dios, dejemos de congregarnos y de llevar La Palabra a los no creyentes.

Por tanto, es tiempo de afirmarnos en nuestra fe dejando detrás todas las distracciones y caminando con la mirada puesta en Jesús, autor y consumador de la fe (Hebreos 12:1); pues los idólatras no heredarán el Reino de Dios (1ª Corintios 6:9-10).


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