Pues yo quiero la grande


Así es, estoy sufriendo, es normal para todo cristiano que ha hecho compromisos serios con Dios, ¿no?

Es más, es cierto para todo ser humano. Llegamos a esta tierra por medio de un proceso traumático y no paramos de sufrir hasta el día de la muerte (y eso sólo garantía para los que fueron salvos por Gracia).

El caso es que estoy sufriendo y aquí me dice Pablo que esto es pasajero, es más, lo tilda de «sufrimiento ligero» —según la versión que leas —y esto debe de tranquilizarme, aunque si soy sincero, la mayoría de las veces no lo hace.

Llámale incredulidad, pero a veces me cuesta muchísimo entender este punto.

Solo si lo comparas contra una eternidad sin sufrimiento es que se puede decir que este tiempo y espacio en el que estoy es pequeño, pero desde donde estoy yo, donde está ese hombre que sufre de cáncer, la joven que le han roto el corazón, la madre que sufre la muerte violenta de un hijo o el niño que pisó una mina no parece algo leve.

¿Es que acaso este versículo no está escrito para darnos confort alguno?

¿Acaso este versículo es solo una síntesis de lo que deberíamos de creer sin sentirlo en realidad?

De ser así, yo quiero creer que que me estoy ganando una eternidad con mucho lujo y confort, es decir, todo lo opuesto de lo que estoy viviendo.

Una reflexión sin mucho contenido.


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